La industria del software tuvo “leve” retracción ante el Covid-19, aunque algunas empresas registraron un “crecimiento increíble”

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La industria del software tuvo “leve” retracción ante el Covid-19, aunque algunas empresas registraron un “crecimiento increíble”

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La transformación digital “hoy es una aplanadora gigante que va a pasarle por arriba a todo”, afirmó el presidente de la Cámara de Tecnologías de la Información.

Aunque la crisis por el Covid-19 tuvo un impacto generalizado, en el sector del software fue menor que en otras ramas de la economía, aseguró el presidente de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI), Leonardo Loureiro. Y en el futuro no muy lejano, a raíz de la pandemia “la transformación digital” se convirtió en una “aplanadora gigante que va a pasarle por arriba a todo”, pronosticó en diálogo con Búsqueda.

“Tuvimos suerte”, dijo por su parte Ana Inés Echavarren, ejecutiva principal de la empresa Infocorp, en referencia a todo lo que trajo la aparición del Covid-19: la industria uruguaya se encontraba en mejores condiciones para enfrentar una crisis que en 2002, en parte por su “espectacular” situación previa, como la describió Loureiro. La baja en la actividad en estos meses fue “leve”, en parte porque para muchos sectores de actividad la tecnología es hoy “parte fundamental del funcionamiento”, sostuvo el presidente de la CUTI.

Sin embargo, una encuesta realizada en conjunto con otras organizaciones empresariales, entre los socios de CUTI hubo empresas que se vieron más afectadas que otras a raíz del Covid-19, en especial aquellas focalizadas en proveer servicios a clientes del turismo y la venta de automóviles, por ejemplo. En cambio, las más diversificadas “reorientaron” su estrategia hacia otras ramas, al ver que la demanda de rubros como “el financiero, los seguros y el gobierno, se incrementaba, explicó Loureiro.

En particular, debido a su actividad específica, Infocorp registró un “crecimiento increíble de algunos de sus clientes”, dijo Echavarren. A modo de “ejemplo icónico”, mencionó al Banco Agrario de Colombia, que “empezó a abrir más de 1.000 cuentas por día” para poder pagar “los subsidios determinados por el gobierno” de ese país a la población. También crecieron otras modalidades de interacción digital con las sucursales.

Entre las empresas uruguayas de software más afectadas, las estrategias para minimizar el impacto fueron principalmente dos, contó Loureiro. Por un lado, la reorientación de trabajadores hacia actividades de “certificación, capacitación” y desarrollo de “nuevos productos”, para así evitar envíos al “seguro de paro”. Y, por otro, recurrieron a una suerte de simbiosis bajo el proyecto Juntos Somos Industria: aquellas que tenían “disponibilidad de recursos” se los ofrecían a otras que los precisaran de forma temporal, haciéndose cargo del salario en ese lapso.

Teletrabajo

A Loureiro lo llamaron en las primeras horas luego de confirmarse los primeros casos de Covid- 19 en el país, ya con vistas a lo que habría de pasar: debía “salir a promover el teletrabajo”, comentó. Pero el problema, agregó, es que esta modalidad aún no está regulada y, entonces, aparecen “muchas contingencias” por las que una empresa puede preferir no incorporarla. Por ejemplo, mencionó las dificultades para determinar si un accidente, en estas condiciones, sería considerado como laboral o no, así como otras “pequeñas cosas que empiezan a surgirte en el momento”.

Más allá de eso, lo que hizo la pandemia fue llevar el trabajo digital “a la máxima expresión”. De hecho, antes del proyecto de ley de teletrabajo que propuso hace pocas semanas la diputada colorada Carmen Sanguinetti —“bastante interesante” aunque “obviamente es perfectible”— ya se habían presentado otros, y la CUTI —junto con el gobierno y otros organismos— estaba trabajando en uno propio.

Por otra parte, el empresario resaltó la importancia de la infraestructura digital del país: “Muy pocos países pudieron hacer lo que hizo Uruguay gracias a la infraestructura que nos provee en este caso Antel”.

Mercados

Las exportaciones de la industria uruguaya del software totalizaron US$ 760 millones en 2018, informó el representante empresarial. Hace unos años se esperaba que para 2020 llegaran a US$ 1.000 millones, pero eso no se cumplió.

Los negocios están concentrados en un 64% en Estados Unidos: es el principal rubro de envíos desde Uruguay a ese destino, superando a la carne y los granos.

Además, Loureiro recordó que, cuando se habla de TIC, exportar no significa solamente colocar bienes y servicios en otros mercados, sino también abrir sucursales y nuevas empresas en estos lugares, ya sea con el “modelo tradicional” de enviar un representante comercial o instalándose físicamente en estos países. Entre otros nuevos destinos, la cámara ha viajado tres veces a China con el fin de “entender este mercado” y ya se cuenta con empresas “muy desarrolladas” en los negocios con Japón.

En este sentido, la reciente venta de Infocorp —una de las compañías más importantes de software para la banca— al grupo canadiense Constellation Software Inc. es una “excelente noticia”, ya que contribuye a la internacionalización de la industria, dijo Echavarren. “Es un caso supervalioso” del que hay que aprender, afirmó.

Otra área en la que también “se trabajó mucho” en los últimos dos meses es en la creación de valor como forma de crecer “cada vez más”. Loureiro afirmó que no se puede “depender de los servicios” y llamó a “cambiar la matriz” productiva, concentrándose en la propiedad intelectual, entendida esta no solo como licencias de software, sino también como “modelos analíticos, de datos y de negocio”. Para ello, aseguró, “no sirve solo incrementar la base de la pirámide”, sino que hace falta incorporar más doctores, másteres, ingenieros, contadores y economistas que aportan “mucho valor” al sector.

Durante un foro organizado por la CUTI en 2018, Marcel Mordezcki, catedrático de gestión tecnológica e innovación de la Universidad ORT, advertía sobre la necesidad de explotar, además, el otro “extremo” de la cadena valor: el “contacto con el público”. Loureiro explicó que ese concepto refiere a pensar en lo que se denomina empresas “born-global”, o nacidas para ser globales, un tipo de emprendimiento o unidad de negocio especialmente concebido para ampliarse hacia otros mercados, incorporando desde su creación el “multilenguaje y la multicanalidad”, así como estrategias de expansión. Existen, según ese empresario, “muchísimos” ejemplos así en Uruguay.

Según Echavarren, la venta de Infocorp confirma además que el talento uruguayo y los productos que se producen en el país “están al mismo nivel” que los del primer mundo. “El tener que pensar siempre en vender hacia afuera y el entender que tenemos que ser flexibles” hacen que el uruguayo sea “creativo e innovador”. Como ejemplo de esto, la ejecutiva contó que desde el grupo canadiense les piden que les den charlas a otras empresas para transmitirles sus “buenas prácticas en algunos problemas”, resueltos de formas que los otros “nunca se habrían imaginado”.

De todas formas y pese a estos avances, Echavarren y Loureiro coinciden en que aún queda mucho por hacer. De hecho, en el marco de la última campaña electoral, la CUTI hizo llegar a los diferentes candidatos una serie de propuestas para 2020-2025, entre las que mencionan la necesidad de mejorar la disponibilidad de capital humano capacitado. “Si te querés posicionar en un mundo como este, necesitás ser innovador y además necesitás muy buen talento”, afirmó el presidente de la cámara. Con un déficit estimado de 2.500 técnicos, ese es uno de los tres pilares en los que pone el foco la gremial, junto con la internacionalización y la innovación.

Las propuestas incluyen además el propósito de mejorar el acceso a destinos de exportación, la creación de una marca país “Uruguay Tecnológico”, la “modernización” del mercado laboral y un mayor financiamiento que permita cumplir con los principales objetivos definidos en el documento. A fin del actual período de gobierno, desde el sector esperan que su industria llegue a representar el 5% del Producto Bruto Interno —duplicando su actividad— y que cree 10.000 puestos de trabajo.

También reclaman bajar impuestos a la importación de tecnología y electrónica, la “revisión” del Plan Ceibal, flexibilizar algunas regulaciones, un aumento de la inversión y crear un programa de visas tecnológicas para incentivar inmigración de talentos.

“Aplanadora”

Aún en medio de la actual crisis por el coronavirus, una visión optimista sobre el futuro del sector se repite entre los empresarios consultados. “Antes de la pandemia venía una transformación digital avasalladora: hoy es una aplanadora gigante que va a pasarle por arriba a todo. Va a multiplicar por cinco o por 10 la velocidad en la que se venía dando”, aseguró Loureiro. Los fundamentos para esta afirmación se encuentran, según él, en que “no hay vuelta atrás”, ya que las personas “se acostumbraron a hacer todo por Internet”. Además, sostuvo que “este no va a ser el único virus”.

“Cosas que esperábamos que sucedieran en 2030, en 2023 ya van a estar sucediendo”, aventuró. Como ejemplos, se refirió a las cosechadoras que “parecen la NASA” y para que funcionen se precisa “cargar un archivo o correr un programa”.

En relación con el futuro del teletrabajo, Loureiro prevé un cambio en la concepción que existe hoy en día. “Uno lo piensa como lo estamos haciendo ahora, pero no va a ser solo eso. Va a ser que yo sentado acá pueda manejar con un joystick una cosechadora que está en Salto, o un dron que sale de mi campo en Soriano. Eso va a suceder”.

Pero, además del agro, es necesario que otros sectores de la economía “entiendan el impacto que esto va a tener”. Hoy, actividades como la construcción “hacen muy poco uso” de tecnologías como el BIM (Building Information Management) o los sistemas de gestión, compra y chequeo de materiales, observó.

En este contexto, el sector financiero es, según Loureiro, uno de los que más avanza, pero también uno de los más conservadores” debido al fuerte peso de la banca.

Echavarren, por su parte, cree que los gerentes de los bancos “quieren hacer cosas” y las trabas vienen desde algunas “regulaciones y legislaciones que no acompañan a la época, que son del 1800”. Para ilustrar esta idea, la empresaria hizo referencia a la incorporación de empresas digitales para abrir cuentas de forma no presencial, o la aceptación de una videoconferencia a modo de “entrevista con el ejecutivo”, procesos que a su entender son “fáciles” de incorporar, pero que “a veces no son las prioridades del país, y menos en crisis”.

Sin embargo, reconoció, no alcanza solo “con plantear el problema”, sino que “también hay que plantear la solución”. Y por eso entiende necesario que se junten los bancos y piensen sobre el futuro del sector.

A su entender, también en lo que respecta a la incorporación de nuevas tecnologías el camino por recorrer es “larguísimo”. Agregó: “Antes —y te hablo de hace tres años, no 10— pensábamos que una versión de una plataforma podía durar hasta cinco años. Hoy creemos que puede durar un máximo de dos”.

Además, Echavarren ya siente la salida de una crisis que “sirvió para que los bancos se pusieran a tiro” porque “han visto lo importante de invertir en tecnología. Ya estamos retomando conversaciones”. Por eso, afirmó, “el año va a repuntar”, aunque no va a ser tan “excelente” como habían planificado. Pero no lo quiero decir muy alto”, dijo, y aseguró que “no hay que relajarse”.